Es raro encontrar buena conversación y casi imposible encontrar excelente conversación. Las mujeres no jugamos cuando decimos preferir una buena conversación a un monumento de hombre.
Se llama Yamiel y es cubano. No lo voy a volver a ver, pero debo decir que ha sido uno de los hombres más significativos en mi vida. No porque haya pasado algo entre los dos (lo único que intercambiamos fue palabras), sino porque con palabras logró llevarme a lugares los cuales tal vez nunca visitaré y me hizo sentir la importancia de una pausa, de un respiro como invitación a descubrir qué había más allá de aquellos ojos inquietos que buscan en el horizonte nuevas aventuras.
No sé qué más decir de él. Sólo sé era necesario un espacio sólo para él. En Vigo amanecerá en algunas horas; el mar debe estar inquieto por ser acariciado de nuevo por el sol. Sin embargo, también ha de inquietarse por saber quién se sentará en su puerto una tarde tranquila a conversar y a despedirse para nunca verse más. Esas aguas llevan en cada ola una despedida silenciosa, un deseo de poder decir en voz alta: "Adiós, Cuba, no te olvides de mí".
