lunes, 27 de abril de 2009

Ignorance is bliss...

Bueno, no, pero hay veces en las que uno preferiría no saber ciertas cosas. No sé, tal vez tantos días encerrada, leyendo noticias sobre enfermedad y muerte, me han trastornado un poco.
Para bajar un poco la tensión (por lo menos la mía) compartiré un poema de John Donne, espero les guste.
Death be not proud
-John Donne
DEATH be not proud, though some have called thee
Mighty and dreadfull, for, thou art not so,
For, those, whom thou think'st, thou dost overthrow,
Die not, poore death, nor yet canst thou kill me.
From rest and sleepe, which but thy pictures bee,
Much pleasure, then from thee, much more must flow,
And soonest our best men with thee doe goe,
Rest of their bones, and soules deliverie.
Thou art slave to Fate, Chance, kings, and desperate men,
And dost with poyson, warre, and sicknesse dwell,
And poppie, or charmes can make us sleepe as well,
And better then thy stroake; why swell'st thou then;
One short sleepe past, wee wake eternally,
And death shall be no more; death, thou shalt die.

lunes, 20 de abril de 2009

A ver si haber escrito esto funciona...

En otra entrada se habló un poco de la importancia de la ortografía. Sin embargo, se habló muy en general. Dentro de este universo de letras y palabras se encuentra un elemento muy particular, que muchas veces se descuida: las consonantes.
Es difícil tener una ortografía perfecta; no obstante, eso no significa que se deba dar por hecho y descuidarla. ¿Quién no ha visto, por ejemplo, la expresión "a ver" escrita como "haber"? En lo personal, este hecho resulta siempre lamentable. Pero más que lamentable, siempre me ha causado curiosidad saber cómo es que a veces no notamos que estamos escribiendo barbaridades.
¿Qué pasaría si los grandes literatos hubiesen tenido problemas con las consonantes, se entenderían sus textos igual? Observemos un ejemplo. Se presentará a continuación un fragmento de un poema de Mario Benedetti (sí, lo amo), uno tal y como él lo escribió y otro con ciertos cambios.

PAÍS INOCENTE
Unos como invasores
otros como invadidos
¿qué país
no ha perdido la inocencia?
pero además
¿de qué sirve un país inocente?

PAÍS INOSENTE
Unos komo imvazorez
otros komo inbadidos
¿ké paíz
no a perdido la inosensia?
pero ademáz
¿de ké sirbe un paíz inosente?

Hay una gran diferencia entre ambos, el primero está escrito como debe ser, a diferencia del segundo, que puede resultar un poco exagerado, pero, ¿es exagerado realmente, nadie se atrevería a violar el lenguaje de semejante forma?
La respuesta es no, no es exagerado realmente y sí, sí hay quienes agreden al lenguaje de esa forma, con o sin querer. ¿Qué hubiese pasado si Benedetti hubiera escrito el poema de la segunda manera? Tal vez, en el mejor caso, habría parecido una broma, otro de sus ingenios, pero así se toma, como una broma, un chiste. No se puede tomar en serio.

En gran parte, esta deformación del lenguaje escrito, parece deberse a los nuevos medios de comunicación electrónica, la mensajería instantánea por internet. Esto sucede al tratar de simplificar las palabras, por una parte, y tratar de darles un toque diferente, pero para poder hacer eso se debe primero de saber cómo manejar el lenguaje.
El problema de esto es que se olvida que saliendo del "chat" o dejando de mandar mensajes, la comunicación escrita tiene reglas. La "q" sigue usándose para escribir "quiero", "que" o "quien" y el resto de las consonantes siguen teniendo su función.
Un escrito serio, y por serio me refiero desde una carta hasta un trabajo escolar, debe mostrar interés y respeto por las palabras, ya que de cierta forma ese respeto y ese interés se puede trasladar hacia el lector y hacia uno mismo.

Entre puntos y comas.

Saber en dónde va un punto o una coma no sólo es cuestión de gramática, ni de sintaxis o redacción. La colocación de cualquier signo de puntuación va mucho más allá de eso. Es una forma de conocer al autor de algún texto, su forma de puntuar va a expresar todo lo que quiere decir, pero también va a expresar con sutileza quién es quien escribe.
La mejor forma de dejar lo antes dicho bien claro (a mi parecer) es con un pequeño fragmento del cuento "Como Siempre" (1947) de Mario Benedetti:
Como siempre. "¿Qué tal, querido?" o la reconciliación. Por un momento sintió envidia de los pobres diablos que hablan de la patrona y le llevan cada sábado una torta de merengue.
Cuando estalló en el reloj del comedor la acostumbrada campanada, comprobó -como siempre- la exactitud de su reloj. Entonces notó que era demasiado tarde. Como siempre.
¿Por qué este cuento? Por la simple razón de que, aunque son sólo dos párrafos, se entiende perfectamente la intención dada al texto. Sin leer todo el cuento se siente la frustración del personaje al que se refiere Benedetti. Sin embargo, no voy a echar a perder el cuento diciendo de qué trata, espero despierte la curiosidad de quien lea y busque los cuentos de este magnífico escritor uruguayo.
Los signos de puntuación marcan el ritmo del texto. Son ellos los que van a decidir cómo se leerá una historia. Son la oportunidad que tiene el lector para respirar, para reflexionar, para detenerse, para emocionarse, para preguntar, para suspirar, para enojarse. Son espacios creados no sólo para la expresión del autor, sino también para el lector. Guiones, paréntesis, signos de exclamación y de interrogación, todos acomodados con el fin de despertar algo dentro de las personas.
La importancia de la puntuación radica en lo siguiente: poder expresar exactamente lo que se desea. No importa que el escrito sea una nota informativa, una tarea o un poema; el objetivo de todos es ser leídos, pero ser leídos realmente, comprendidos y sentidos. Que el lector pueda caminar entre puntos y comas sintiéndose cómodo, fluyendo con las ideas y terminar saboreando realmente el texto.