lunes, 23 de noviembre de 2009

God can be funny.

Regina Spektor tiene una canción llamada "Laughing with". He visto diversos comentarios en los foros de Youtube, pero no encuentro ninguna interpretación que me agrade; más que nada porque quienes escriben parecen carecer de un pensamiento crítico real, pero también porque pienso hay mucho más de lo que la canción dice.
Nuestras concepciones y creaciones de lo que pensamos es Dios nos han convertido en merolicos que se han tragado historias insensatas y las repiten a diestra y siniestra sin entender realmente este concepto tan complejo de un personaje tan polémico como Él, si es que existe. No es mi intención escribir sobre mis creencias personales, ya que no considero sea pertinente, ni justo, ni que realmente interese a mis (casi nulos) lectores.
El punto de este post es hablar de la canción, es verbalizar cómo cuando dice Regina: "God can be funny..." me provoca ganas de llorar o cuando entona: "God can be so hilarious, ha, ha..." una rabia más allá de las palabras invade mi corazón; no porque me enfade con la muy talentosa cantante, sino porque mueve algo dentro de mí.
Es esta hipocresía del ser humano que debe recurrir a un ser superior únicamente cuando se encuentra en los peores momentos buscando respuestas o soluciones, pero cuando tiene que ayudar al prójimo, o necesita ayuda de éste, se encuentra con barreras y obstáculos lo que me hace enojar. Es la propia torpeza de nuestra manera de vivir la que nos lleva a culpar a alguien o algo que no podemos ver para poder sentirnos un poco menos responsables de lo que nuestra propia especie ha causado. Cuando pienso en todo esto sólo puedo pensar en decir: "Dios puede ser gracioso, nos ha vuelto instrumentos de nuestra propia destrucción."

sábado, 21 de noviembre de 2009

Lara.

Historia de una niña que destruye el mundo, inspirado por vivencias múltiples; tanto personales, como ajenas.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Podemos ser

No creo, "podemos" me suena a multitud, pero sí, puedes, puedo, y viceversa, ser.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

Démelos...

La miraban desde la acera. Cuatro penetrantes ojos la miraban desde la acera. Sus cuerpos sobre un trozo largo de jerga temblaban, tal vez de dolor, tal vez de miedo, tal vez de frío. Inmovilizados esperaban el destino deparado para su especie: ser alimento. Un brillo especial se desprendía de sus pupilas atemorizadas y desafiantes; aprovecharían cualquier oportunidad para escapar y ella lo permitiría.
-Le va a quedar bien sabroso su mole... mejor que con guajolote, en serio.-dijo la anciana vendedora. Al igual que sus víctimas, miraba con una mezcla de recelo y súplica. Sólo un par de cosas más estaban tendidas en el viejo pedazo de tela. Venderlos a los dos sería dar sustento al pequeño haraposo que se encontraba a su lado. La miraban desde la acera.
-Démelos.- respondió sin pensar. Ahora caminaba por las calles del pueblo con un par de inquilinos huidizos y extraños. Acababa de comprar un par de gallos. No un gallo y una gallina; no un perro, no un pollo, ni un conejo: dos gallos excitados por el olor próximo de su libertad. Entre plumas y picos, crestas y patas con garras afiladas, de pronto se dio cuenta que esas aves eran lo único que tenía.

Bueno.

No hay más por decir... Podría ser que hubiera algo más, pero, ¿para qué? Mejor te digo: "Bueno", mientras no sé qué decir. Ese tipo de preguntas no se hacen, ¿sabes?, pero qué más da... Te contesto: "Bueno", aunque sé que no es bueno, si fuera así no lo diría, lo sabrías y ya, pero lo tengo que decir; lo verbalizo, sale de mí.
Te miro a la cara -Bueno.- dices, mientras yo sé que quieres decir algo más. Vamos a pretender, vamos a pensar en cómo nos quisimos tiempo atrás. Pretendamos, anda, dime que no te parece todo mal, dime que mañana vas a quererme tocar. No, mejor no digamos nada. Ya dijimos, bueno, pero no importa. Pretende que no dije nada. -Bueno.-pero miras a otro lado.