Y me duele al punto de que no pude llorar hasta ahora. De nuevo él me hace llorar. Querer tanto como quiero puede ser peligroso. ¿Ahora quién podrá quitarme del cuerpo la sensación de sus manos rozando mi rodilla? ¿Quién podrá borrar el aliento de alcohol que se sostuvo un segundo sobre mi faz? No vale la pena llorar por él, no vale la pena sufrir por él. No sufro por él, sino por mí, por no haber visto a tiempo la señales y alejarme hasta nunca verlo más.
domingo, 7 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No sufras por ti, ni por él.
ResponderEliminarA veces las señas más evidentes son ignoradas.
Lo bueno es que, ya las notaste.
Mencantacómoescribes.
Mua.