Tengo que
vendarme el pecho. Tengo que vendarme el pecho porque tengo un desgarre. TODO
EL DÍA. Además de que no puedo respirar bien y se me entierra todo, no pensé
que el golpe psicológico fuera tan fuerte. Yo, en mi deconstrucción feminista,
no pensé que el ver mi pecho casi plano fuera a sumirme en una depresión. Pero
sí.
Mi cuerpo
no se ve como “debería”, pero, ¿qué diablos significa eso? No se ve como yo, en
mi construcción patriarcal, pienso que debería verme. Siento herido mi ego, mi
“femineidad”, lo que sea que sea eso. Es más, creo que es sumamente violento
que me exija eso, cuando sé que lo femenino y lo masculino son categorías de
opresión dentro del sistema y sé que debería luchar contra eso. Pero me pega.
Hoy,
mientras me vendaba, pensé en todas esas mujeres que se han vendado el pecho
por diversas causas. Todas las que tienen o tuvieron que hacerse pasar por
hombres para trabajar o escribir o estudiar. Todas ellas que se rebelaron
contra su género y que se vendan para evitar el acoso, para estar más cómodas,
para ser más como quieren.
Hoy me
vendé consciente de que también estaba realizando un acto político. Niego esa
belleza que me enseñaron debía ser. Niego ese “atributo deseable” que a tantos
amantes les gustó en el pasado. Me veo como sujeta, no como objeto.
Hoy me vendé como acto de rebeldía, más que
como acto de salud. Me recordé a mí misma que me identifico como mujer como
parte de una estrategia política, pero que no reivindico las opresiones, sino
la lucha por la libertad. Por ser yo, sea como sea que me vea. Hoy me vendé el
pecho y sonreí mientras me miraba en el espejo.


Hola
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